La ola de Baudelaire

La naturaleza es insistente y testaruda frente a los cursos del pensamento que se desvían de  aquellas comprensiones que demuestran lo que subsiste de la vida. Golpea sobre  nuestra comprensión con ritmo de río, fugaz y constante, encontrando analogías en las palabras en bocas amigas, en las  letras encadenadas a sentidos escurridizos que brillan a través de ciertas personalidades. Ideas esenciales que titilan a través de los textos de nuestra historia más reciente. La necesidad de volver al pasado no es una locura, especialmente cuando el presente traiciona la natureza de la conquista acariciada. “La ola de Baudelaire”, es una buena imagen que utiliza Roberto Calasso en su último libro para referirse a la herencia del escritor.  Su onda de locura creadora, sigue sobre nuestras cabezas, congelada, brillante, puede que esperando sobre las nubes de nuestra actualidad el  momento de romper.

Los críticos actuales, podrían convertirse en poetas como intuía Baudelaire? Una consecuencia ineludible del exercicio compresivo de la analogía universal del arte. Una idea profundamente maravillosa, fecunda por concentración de alimentos vitais para la expresión del espíritu. Las posiciones de Baudelaire frente a la crítica son todavía interesantes y más  su busqueda de la metafísica en el arte. Lo hace con  una capacidad de economía y claridad en el  discurso que hoy es inexistente. En el  recorrido hemos perdido la batalla de la intuición  frente a un álgebra pesimista, “lo bello que solo era una promesa de felicidade” hoy no tiene ni consciencia. Es más, hoy lo bello en el arte es tabú.

Baudelaire toca todos los temas alrededor de la crítica porque entiende la necesaria autonomía del arte como linguaje especifico del conecer, y es la imaginación la  más certera de las facultades que vitaliza las necesidades más elevadas de nuestra existencia. Defiende la necesidad de  no despreciar la sensibilidad de nadie porque la sensibilidad es el genio de cada uno. Hoy  el  arte  oculta su pequeño recorrido intelectual tras la promesa de la diversidad del mercado.

La insistente estrategia del arte  para articular un pensamento comprometido resultó entonces  más eficaz que la propia  filosofía. Una conquista perdida. Baudelaire presentía  nuestras carencias posmodernas, las consecuencias de los enfrentamientos de la consciencia social y política con el  desarrollo  de la tecnoloxía. Una crítica que está en suspenso,  puede que la crisis sea una oportunidad para cuestionar nuestras alianzas críticas en el arte.

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