Kitsch millonarios

Imagen recogida en la web.http://www.jeffkoons.com/site/index.html
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Elephant

high chromium stainless steel with transparent color coating
38 x 30 x 20 inches
96.5 x 76.2 x 50.8 cm
Edition of 3 plus AP
2003

EXHIBITED

"Jeff Koons", Museum of Contemporary Art, Chicago, Illinois, May 31 - September 21, 2008.

 

Lo kitsch es bello? Esta es la pregunta que se formulan en estos días en el museo Cerralbo y el museo del Romanticismo en un ciclo de actividades que pretende iluminar este concepto que parece inabarcable. En el  Cerralbo se buscan respuestas entre  numerosos objetos como sillas  fabricadas con cornamentos, souvenirs anticuados , lámparas de cristal de Murano, y muchos más objetos kitsch presentes en sus salas. Por otra parte, en el  museo del Romanticismo la propuesta gira en torno a la  participación de una visita-coloquio en la que se invita a la gente a llevar  sus objetos kitsch con la intensión de analizarlos.

Resulta difícil ofrecer una definición unificada de kitsch, ya que  su  esencia está no solo en las manifestaciones materiales de la cultura sino en las conductas. Este género se reproduce en todos los espacios de la vida cotiana y llega  a través de los medios de comunicación. El  kitsch convive con nosotros, non hay que buscarlo en los museos porque está en nuestra casa. En un sentido estricto se origina al final del  s XIX para calificar reproducciones de dibujos baratos de fácil comercialización. El concepto calificaba el gusto vulgar de la nueva burguesía deseosa de copiar los   hábitos culturales de la clase culta. En  este contexto se configura como unha inautenticidad estética y  el formalismo efectista que persigue es el éxito comercial, que se edifica como oposición a la vanguarda. Crea el rasgo más característico de la época: la contradicción y  la convivencia entre a arte culta, encriptada e intelectual frente al arte popular, simple directo e superficial. Unha estética que representa la democratización de las formas culturales a través de su producción económica y lectura simple. Pero el kitsch non se conforma en el límite del mercado popular como una mentira artística y se incorpora a oferta del arte y paradojicamente en el  entorno del arte elitista, adquiere los precios del arte auténtico. Encuentra una puerta de entrada en las ideas de Marcel Duchamp: “…el enemigo del arte es el  buen gusto”.

Lo consustancial al kitsch es la imitación del aspecto estético del arte y la pretensión de adquirir y producir el valor sentimental de lo  que aparenta pero a un precio de mercado muy inferior. Su éxito es una confirmación de la inexistente universalidad del buen gusto y de las consideraciones que giran sobre el juicio estético que encuentran también apoyo en el  desprecio de la clase alta por la estética popular. Esta estética pone  de manifesto que la fealdad  es un fenómeno social con una fuerza espectacular. Porque, el kitsch, va con ventaja, si bien es cierto que un producto artístico considerado único nunca estará en las casa de la clase obrera, el kitsch, hace mucho tiempo que traspasó el portal de las casas de clase alta. Pero la mayor burla del kitch radica en que para el pedante que presume de su capacidad de comprensión y de adquisición de arte, el kitsch, es a precio de oro. La mellor prueba de ello son las bagatelas reproducidas por artistas cotizados, como los corazones y  globos de plásticos dorados de Jeff Koons comprados por llos coleccionistas a valores   millonarios.

 

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