Ai Weiwei. El destino de un disidente

 

La libertad no está de moda, si es que alguna vez lo estuvo. No estamos hablando de los recientes incidentes de control informativo, porque esto seguramente fue una mala interpretación de las inocentes intenciones de la dirección de tve. Sucede que en algunos lugares, el poco apego que tiene el poder con la libertad se nota más, como por ejemplo en China. Aunque para las autoridades de este pais no es que ellos no quieran, es que ¿para qué desperdiciar libertad cuando la gente no la necesita? Pero si  se empeñan en golpear, boicotear actividades, prohibir proyectos, destruir propiedades, mantener incomunicado durante meses a una persona reconocida internacionalmente, no parece posible ocultar tanta basura. Estas indeseables situaciones son las que está viviendo desde hace tiempo el artista disidente Ai Weiwei.

Sobre la tristeza que emana de estos hechos nace una dignidad que despierta cierta satisfacción cuando descubrimos la disidencia de este artista. Porque los artistas con estas cualidades son una especie extraña en Occidente. Puede que la dignidad de la que hablamos sea el alimento de este hombre y puede que avive en nosotros una rebeldía anesteciada por la desilusión de un sistema que nos tiene atrapados en los espejismos de las libertades democráticas. El caso es que la crítica frente al sistema es lo que esperábamos de los artistas  hace pocos años. Pero hoy, la disidencia es un producto más que se puede comprar, y los artistas están tan hipotecados como cualquiera. Es interesante observar esta construcción perversa entre los vínculos de la cultura y las obras críticas patrocinadas por el poder, porque desde el urinario de Duchamp, ofrecido como enfrentamiento y convertido en objeto de culto, hay un ejército de disidentes patrocinados. En un medio, vocacionalmente exhibicionista destas provocaciones, expuestas como prueba de la libertad de expresión, ¿quien se  interesará por los que no están promocionados?

No hay peor sordo que el que no quiere oir, y esto parece ser una patología contagiosa en la política universal. Pero el caso de las autoridades Chinas, es sorprendente, porque Ai Weiwei lleva muchos años en el panorama internacional. Fue el creador asesor del "estadio nido" de Pekín y su obra se exhibe en los centros más emblemáticos de occidente, todos recordamos sus semillas de girasol en la sala de turbinas de la Tate Modern de Londres, además de la presencia en la red de este artista multidisciplinar que es muy importante. La última detención fue en abril del 2011, y fue puesto en libertad de aquella manera,  porque fue con arresto domiciliario, el 22 de junio. Parece que estuvieron ajustando cuentas, y nunca mejor dicho, porque está acusado de delitos fiscales. El caso es que, Ai Weiwei, no puede salir de Pekín.

Puede que el gobierno Chino encuentre una forma mas refinada de luchar contra los artistas molestos, occidente es un buen ejemplo. Qué mejor que un disidente patrocinado por la multinacionales o por los gobiernos, esta parece ser una estrategía más adecuada que darle con un martillo en la cabeza. Pero China tiene su propia tradición en esto temas. Ai Qing, uno de los más talentosos poetas chinos de siglo XX, fue desterrado con su familia y aislado en la provincia de Xinjiang, debido a sus declaraciones y actividad intelectual. Fue obligado a ganarse la vida limpiando los baños públicos y le prohibieron publicar. Veinte años despúes, en 1978, Ai Qing fue rehabilitado y pudo regresar con su familia a Beijing. Pero hay cosas que se llevan en la sangre, porque uno de sus hijos que entonces tenía viente años, ya era un artista prometedor. Este joven era Ai Weiwei.

Puede que en este caso los ejemplos de occidente no funcionen. El recorrido vital de Ai Weiwei y su crítica al sistema está aliementada por una fuerza amorosa, mucho mas profunda que la convicción intelectual. Para las autoridades Chinas, no será fácil salir limpios de este problema, porque no parece que el futuro de Ai Weiwei esté fuera de la disidencia, al menos en este mundo.

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