Oscar Niemeyer desde el futuro

“Mil días necesito para cambiar el rumbo de la historia. Mil días para construir la ciudad mas hermosa  del mundo. Será un milagro que dejará los problemas en el pasado para mirar solo al futuro “ Puede que las palabras se arremolinaran de esta forma en  la cabeza de Juscelino Kubitschek , el político impulsor de Brasilia.  

De lo que non hay duda es que mil días fueron suficientes para levantar una ciudad de la nada, en un territorio árido a 1200 kilómetros de Río, la que entonces era la capital de la República Federal de Brasil. Tampoco hay duda de la belleza en la  ciudad porque el arquitecto, Oscar Neimeyer, supo diseñar para Brasilia edificios que son muestras hermosas de la arquitectura moderna. Brasilia celebra sus cincuenta anos y  lo hace envolta en tanta polémica como cando comenzó a dibujar  su perfil alado en el territorio del  estado de Goiás.

 

 

 

Desde  su inauguración, el 10 de abril de 1960 generó mucha atención y debate. Fue importante en aquel primer año la visita de Jean-Paul Sartre y Simone de Beauvoir que non fueron indiferentes a las polémicas. De Beauvoir contó   sus impresiones en su  libro “ Bajo el  signo de la historia” con una visión posiblemente contaminada por la experiencia europea de las ciudades y la falta de la perspectiva sobre la estética del proxecto ,ya que notó en falta la “mezcla caprichosa de las calles, imprevistas y cativadoras”. Hoy podemos argumentar a favor de la ciudad, que la ausencia descubierta por la escritora non era una carencia, mas bien unha inevitable realidad. El cautivador caos de la  improvisación es  una variable propia de la construcción del tiempo, naturalmente ausente en una ciudad sin pasado e por otra parte es irreal  en la  estética racionalista del proyecto. Pero como afirm Lucio Costa,  su arquitecto urbanista,  “digan lo que digan, Brasilia es  un milagro”.

 

 

 

El trabajo de Oscar Neimeyer como arquitecto dotó a la ciudad de espacios ejemplares de la arquitectura moderna como la Catedral. El arquitecto en aquel 1946 estaba lleno  del  optimismo de la construcción del cambio de la modernidad. Estos hombres modernos, motivados por la conquista de las ideas y profesías futuristas se sentían con el  poder de cambiar el mundo para construir una realidad mas justa. Neimeyer con  los años asumió que los cambios sociales no se  pueden programar en el  diseño de la arquitectura. Como todas las ciudades del pais, Brasilia es testigo de una periferia marginal, ajena de las intenciones urbanísticas. En este sentido el arquitecto declara que hay que conformarse porque la arquitectura solo puede ofrecer una sorpresa perceptiva, un instante de felicidad estética. Sin duda una ambición conseguida frente a sus escultóricos diseños arquitectónicos.

 

Neimeyer  manifesta estar satisfecho con su trayectoria profesional y dice que esencialmente no cambiaría nada y que no quiere ser recordado como un símbolo de Brasilia si no  que quiere pasar  a la  historia de la  siguiente manera :Oscar Niemeyer, brasileiro, arquitecto. Vivió entre amigos, creyó en el  futuro“.

 

 

 

 

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