Lo bueno de lo malo en el arte

Puede que después de todo la crisis económica sirva para reflexionar sobre el disparate de alinear el arte al ocio y los entretenimientos. Decía Séneca que cuanto mayor es la prosperidad tanto menos se debe confiar en ella. Esta máquina  multiplicadora de exposiciones, en la que  hemos convertido el mundo del arte contemporáneo, tiene una presencia triste solo superada por la consciencia de su futuro. Porque es tan disparatado pensar que el arte se reproduce con tantísima generosidad como obviar su función espiritual. Para tamaña tontería, la de abandonar el arte en una factoría de bodrios, una crisis no viene mal porque después de malversar nuestros mejores recursos para la reflexión y la intimidad en una suerte de juego para las horas muertas cualquier cosa que suceda será una alternativa. Por el momento observar la naturaleza siempre es un consuelo porque al menos ofrece constancia, esfuerzo y belleza.

Para las vanguardias  indagar en el arte era cuestionar la naturaleza de la belleza,  pero la fragilidad que destila todas sus posibles definiciones se evaporó al calor de un mercado ambicioso que más que fragilidad necesitaba producción. Un arte más abarcativo con un discurso justificador para definir la nueva  naturaleza del arte: todo puede ser arte claro que olvidmos  que en los límites las cosas sueles ser igual a cero.

Lo bueno de la crisis es que  da la oportunidad de recordar que una elección estética está acompañada no solo de leyes morfológicas o compositivas o de definiciones más o menos compartidas por los poderes, una elección estética es  fundamentalmente, como toda elección,  una decisión ética. 

Comentarios: 1
  • #1

    taniaº (martes, 31 agosto 2010 20:28)

    que mono mami:)

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